Hace algunos días acompañé a un amigo al aeropuerto a buscar a su novia, a la que tenía como tres meses que no veía. Yo no conocía a la susodicha pero supe que había desembarcado cuando a mi amigo, todo un galán de mirada malvada (al mejor estilo Materazzi), se le pusieron los ojos chiquiticos, se le iluminó la cara con una sonrisa y casi babeando me dijo “es ella”.
“He aquí el retrato de un hombre enamorado”, me dije decidiendo guardar la imagen en mi mente ya que un tipo en ese estado de estupidez es difícil de encontrar. El problema no es que él la ame, el problema es que a pesar de tanto amor se había acostado conmigo tres días antes…
Ojo, no se trata de celos, le tengo mucho cariño a mi amigo, pero es un perdedor y ella es lo mejor que él puede encontrar (de hecho, no se que hace ella con él), el asunto aquí es que los tipos pueden estar enamorados hasta la médula pero no tienen empacho en meterlo en cualquier otro lado.
La chica es impresionante, bellísima, inteligente, culta y le organiza la vida de hippie que lleva mi amigo. Yo sólo podía pensar ¿panita, no pudiste esperarte tres días, ser fiel y tener a tu super modelo? ¿para que comer gelatina el domingo si el miércoles vas a tener toda la creme bruleé que quieras?.
Para tratar de entender la situación, pregunté a mis amigos, sobre el tema de los cachos y la repuesta fue tan masculina que debí verla venir.
“Lo que pasa es que para uno, que es más básico que las mujercitas, no hay ningún problema en meterlo, pasarlo bien y ya, la única preocupación es que lo descubran a uno. O sea, los que no montamos cachos no lo hacemos no porque no nos llama la atención, sino porque nos da miedo de perder lo que tenemos”, me dijo sabiamente mi gurú masculino.
Honestamente, si hay algún hombre por ahí que pueda definirme lo que es para ellos “fidelidad” que lo haga y me quite esta gran duda que no me deja dormir. Cuándo ví la manera en que él la miraba mi primer impulso fue pensar "¿por qué nunca me han mirado así a mi?"...inmediatamente recapacité y dije "no gracias", porque honestamente, si debo vivir con esa espada de Damocles sobre mi cabeza (aunque me amen, me van a poner los cuernos) prefiero seguir dentro de los muros de Troya y no enamorarme jamás...
No hay comentarios:
Publicar un comentario