Había una vez una princesa. Linda, culta, inteligente y divertida (como suelen ser las princesas). Un día, y casi por azar, conoció a un noble caballero de otro reino y de inmediato se llevaron bien. Conversaban durante horas, compartían muchos gustos y tenían las más divertidas discusiones, sólo por el placer de tenerlas.
Durante una de sus conversaciones, el noble caballero le dijo a la princesa mirándola a los ojos "yo lo único que quiero es ser amado". Este comentario enterneció mucho a la joven, quien sentía que el noble estaba más sólo que ella, por lo que sonriendo le dijo "deja entonces que yo te ame". Alargó su blanca mano, le tocó la cara y lo besó.
Si esto fuese una película de Disney saldrían inmediatamente las letras que dicen "The End" y todos abandonarían el cine con una estúpida sonrisa en la boca. Pero no. La realidad es que cuando la princesa besó al noble caballero este la detuvo diciéndole "puedes amarme si quieres, pero yo no puedo amarte a ti".
No se cómo se sintió la pobre princesita, acostumbrada a ser adulada por toda la corte, pero puedo adivinar que la humillación la consumió, trató de ahogarla en Tequila y toneladas de carbohidratos. Claro, al noble caballero le sonrió y le dijo "respeto tus deseos", porque eso sí que tiene una princesa: antes muerta que sencilla.
El punto es que todos queremos ser amados, como una cuestión hipotética que ensalse nuestro ego, pero a la hora de amar a quien nos ama no siempre se aplica el principio de reciprocidad. El noble caballero sólo tenía que dejarse amar y ni aún así no le gustó la idea (sólo Dios sabe por qué).
En el fondo sólo queremos ser amados por aquellos a los que nos sentimos capaces de amar. Por alguna razón cósmica, química o estúpida no estamos habilitados para amar a todo el que nos ama. De hecho, eso es lo difícil de enamorarse, todo depende de una sintonía exacta entre dos personas que casi nunca ocurre y que no se puede explicar ni predecir. No basta con desearlo...
Nunca podremos saber por qué, a pesar de que el noble caballero y la princesa parecían perfectos el uno para el otro, el pobre gafo quería amar y ser amado por una anodina reina, quien vivía en otra comarca con su rey. La reina le dijo al noble que sólo le daría migajas de su tiempo y un cariño temporal porque ella no iba a abandonar ni al rey ni a su cómodo palacio. El se conformó. La princesa bebió un poco más de tequila y olvidó todo el asunto.
¿Moraleja? El amor es una cosa muy complicada. Es un sentimiento que no controlas, te consume, te hace perder la perspectiva y luego se desvanece dejándote una resaca. Es como una droga, y como tal, debería ser ilegal. ¿Mi consejo? manténganse lo más alejados que puedan....
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